Primero los peces y ahora las semillas

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(cc) Javiera Guajardo

En espera de la segunda vuelta presidencial, muchos aguardan en silencio el veredicto final: el que marcará si la Ley de Obtenedores Vegetales se queda o se va de Chile. Para los que tienen mala memoria, esta Ley llegó como ninja en el gobierno de la candidata a la presidencia Michelle Bachelet; y aunque existen los mitos de que ésta ya fue aprobada, no es así. Por el contrario, el gobierno actual se percató de que no era una Ley viable y prefirió dejársela encomendada al próximo que pise La Moneda. En este caso Bachelet, que ya se ha pronunciado a favor de ella; o Evelyn Matthei, que no sabe qué es.

Camino al monopolio

Básicamente “Ley Monsanto-von Baer” crearía un monopolio en manos de las compañías que producen semillas; las mismas que compran los agricultores de nuestro país. Sumado a esto, les recuerdo que en 2011 Chile aprobó adherirse al UPOV 91 –Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales –que a diferencia de la versión anterior (1978) entrega mayor poder a la propiedad intelectual. El resultado de ambas propuestas sería caótico para los pequeños agricultores porque los “dueños de las semillas” impondrán la condición en que se produce la semilla y el precio al que se venderá.

Las semillas de Monsanto están genéticamente modificadas, lo que acorta su tiempo de vida y acota el tiempo para sembrarla; por ende, el agricultor no tendrá facultad alguna sobre lo que compre. Otra condición de la Ley es que el emprendedor, después de comprar semillas ya no será “dueño” de lo que desee hacer con ellas. No puede guardar, vender o intercambiar; y si llega a hacerlo se convierte en un criminal.

En conclusión una ley como esta provocará en el agro chileno, lo mismo que sucedió con los pesqueros artesanales: despojarlos de su libertad.

Si él entiende, tú también puedes

Creo que es pertinente agregar que compañías como Monsanto utilizan transgénicos; la definición según GreenPeace es que son “organismos vivos que han sido creados artificialmente manipulando sus genes”.

Si un niño de 11 años ha llegado a la conclusión de que los transgénicos no son buenos para nuestro organismo, y son dañinos para el medio ambiente, nosotros también podemos. Pero los invito a hacerse un juicio propio.

JAVI ARTICULO 2

 

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